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Transcripciones grossas del castillo subterráneo I

La voluntad nace como un animal salvaje:
favorece al amo ambicioso,
domina al acompañante lascivo,
apabulla al cretino desamparado.

 

Saludo al Pez

Yo, el que le ha hurtado su alma al diablo;
Yo, el que intercambia el lecho por la tormenta de verano;
Yo, el que muerde la mano del que le ha vendado;
Yo, el que, a sabiendas de la desgracia, su frente ha marcado;
Yo me dirijo a ti, pez de lago, habitante de orín sacro,
nunca tus dientes tan filosos serán para hundir este barco.

 

Mi Visita a Occidente

No hacía mucho tiempo desde que había yo llegado a esta hermosa ciudad occidental. Me encontraba caminando por uno de sus embellecidos boulevards periféricos: contemplando los árboles uniformemente podados, las fachadas impecables de los diversos negocios y las calles de asfalto marfil cuidadosamente aplanadas. De pronto escuché una conversación ajena que mantenían una joven mujer y un hombre maduro en los escalones exteriores de unas oficinas, justo frente a las enormes puertas de cristal transparente.

 

Sentido

¿Has sentido?

sentido cómo el color de las banquetas del parque te recuerda
qué se siente ser cuerda de guitarra

cómo el sonido producido por un corazón al palpitar hace la diferencia
de toda una generación

cómo por la noche algunas calles parecen una elaborada escenografía huérfana
de actores, de espectadores

cómo los dioses no son mejores amigos
de traductores necios que prefieren no soñar

cómo una misma imágen puede mover masas directo a su hogar pero pronto se les olvida el camino
tan sólo por haber recordado el nombre de su país de origen

 

Quémalos

Quema, los quema los "Qué Malos", qué mal os quema Los. Qué malo. ¡S! qué mal Os, qué malos. ¿Qué? malos.

 

Calandrias del Centro I

Un luchador pintado de payaso en la cantina.

Un maestro celoso de las molleras en sus discípulos.

Una madre sin cabeza descubre muerto a sus esposo.

Unas torres que se elevan como espinas.

Un rascacielos en obra negra que resguarda niños atónitos en su último piso.

Una imagen plana y de color sólido parpadea sobre lo que alguna vez conocimos como realidad.

Un monumento torcido brota como alabanza del esclavo a sus grilletes.

Una colosal virgen solloza al pie de la montaña.

Un cristo que hace ver a una niña recien nacida como una muñeca arrodillada frente a un árbol.

 

Calandrias del Centro II

Una tierra donde todos saben, pero aparentan olvidarlo.

Una opulenta matrona suplanta a la primera madre en acto y omisión

Una biblioteca abandonada, un mercado en llamas, un teatro vandalizado, una iglesia rebosante y sin pastor.

Un mar donde no hay peces que se hundan pero sí una selva donde las aves se enseñaron a reptar.

Un salón en donde el llanto está aprendiendo a no reír.

Una concentración de lobos que untan sus heridas con cenizas.

Una carretera de músculos se ha quedado sin lugar a dónde llegar.

Un dios que olvidó cómo construir y se conforma con resanar.

 

Calandrias del Centro III

Un estandarte con figuras que no se pueden descifrar.

Un aniversario que nadie quiere celebrar.

Un oído que con miedo escucha las risas.

Un suelo donde toca primero la piedra que la pluma.

Una espada de doble filo sin mango de donde sostenerla.

Una pregunta que ya no genera fértiles dudas sino marchitas respuestas.

Un premio desconocido que se gana acumulando castigos.

Un coloso espera sentado a mitad del océano.

Una caricia dirigida a un seno termina aterrizando en el pecho de un hombre.

 

El Abuelo Fuera del Tiempo

El abuelo solía irse de parranda todas las tardes al pueblo. A media noche, la abuela daba tres tiros de revólver desde la casa para que el abuelo supiera que era hora de volver.

Un domingo por la noche no hubo disparos; desde entonces puede uno encontrarse al abuelo, que ahora habita las calles del pueblo, viviendo por siempre atrapado en ese instante justo entre las 23:59 del domingo y las 0:00 del lunes.

 

Juan el Escorpión

Juan el escorpión, siempre catrín: en tacuche, guantes y sombrero, sólo que en vez de pluma lleva un aguijón.

Juan el escorpión es buen poeta, pinta como canta y a Juan Orol no le pide nada.

Juan el escorpión, reza por nosotros, y por su señora, que si lo encuentra fuera a estas horas, segurito se lo devora.